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La República de SeptiembreCapítulo 10 — El heredero
Ilustración original de apertura para Capítulo 10 — El heredero
Ilustración original del proyecto autoral, creada con asistencia de IA (según declaración del autor).

Capítulo 10 — El heredero

San Vicente, 1968.

Antonio Cafiero llegó con una carpeta que no abrió. Perón se dio cuenta y la señaló.

—Si vino a consultarme, consulte.

—Traje nombres para el gabinete.

—Entonces vino a pedirme que elija por usted.

Cafiero dejó la carpeta sobre una mesa baja. Había pasado la campaña procurando escapar de dos definiciones: para unos era demasiado peronista para gobernar a todos; para otros no era lo bastante fiel para suceder al fundador del movimiento. Una bendición explícita de Perón le daría votos y reduciría, al mismo tiempo, el margen con que esperaba gobernar.

Hablaron de salarios, inversión y de la ley de seguridad aprobada bajo Frondizi. Cafiero consideraba que el desarrollo necesitaba acuerdos con sindicatos y empresas que no podían imponerse desde la Casa Rosada. Perón le recordó que un acuerdo servía de poco si cada parte podía romperlo al primer costo. No hablaron como maestro y discípulo. Había coincidencias y un desacuerdo que ninguno quiso convertir en espectáculo.

—Usted puede decir que me apoya —dijo Cafiero al levantarse—. No puede prometer que acertaré.

Perón sostuvo la mirada.

—Eso es lo primero que debería decir usted en la campaña.

Cuando Cafiero salió, los fotógrafos le pidieron una frase. Les respondió que habían discutido el país. Más tarde circularon versiones incompatibles: órdenes precisas, un respaldo sin condiciones, un rechazo encubierto. Nadie había grabado la conversación. Cafiero decidió no convertirla en una cita célebre.

En Córdoba, Sara seguía la campaña desde la fábrica. Frondizi había ampliado las oportunidades de estudiar y trabajar; ella no quería que el próximo gobierno desmontara aquello que todavía funcionaba. Tampoco quería oír que una estadística nacional anulaba la negociación pendiente sobre turnos nocturnos. En un debate radial, Cafiero habló de sostener la inversión y revisar sus beneficios concretos. Sara anotó dos preguntas para llevar a una visita de campaña.

Cuando el candidato llegó, había más gente de la que podía escuchar. Un organizador quiso darle prioridad a un empresario. Raúl Ferrer lo detuvo y presentó a Sara, que había trabajado en la reparación de la primera máquina.

—¿Qué cambia para quien produce si los costos suben más rápido que el sueldo? —preguntó ella.

Cafiero comenzó con una respuesta sobre crecimiento. Vio que Sara esperaba algo distinto y admitió que los acuerdos salariales necesitarían mecanismos de revisión. No prometió una cifra. Raúl le preguntó quién los arbitraría y con qué información. La conversación se volvió menos útil para un titular y más útil para los presentes.

La noche de la elección, Cafiero ganó con una mayoría clara, aunque lejos de cualquier unanimidad. En la sede partidaria le acercaron el teléfono de San Vicente. Agradeció a Perón. El ex presidente lo felicitó y le dijo que descansara mientras pudiera. Al colgar, un dirigente propuso que la primera declaración de gobierno se hiciera junto a él.

—La próxima declaración tiene que ser mía —respondió Cafiero.

No era ingratitud. Era la diferencia entre recibir una historia y convertirla en un mandato del que nadie pudiera apartarse. Sabía que sus rivales usarían cualquier error para acusar al peronismo entero, y que algunos aliados usarían el nombre de Perón para impedirle corregirlo. La Presidencia no le ofrecía una zona cómoda entre esas presiones.

Frondizi reconoció el resultado. En la transición presentó proyectos cuya financiación todavía estaba en trámite y conflictos que no se cerrarían con el cambio de banda. Cafiero pidió los expedientes de energía, de ferrocarriles y de la Operación Yungas. Un colaborador le sugirió dejar este último en manos de la administración saliente.

—Si una decisión sigue produciendo consecuencias, ya no es sólo del gobierno anterior —dijo.

La respuesta no resolvía qué haría con el expediente. Lo obligaba a abrirlo.

El día de la jura, Sara estuvo de turno. Escuchó la ceremonia en una radio pequeña junto a Clara Villalba. La línea funcionaba otra vez. Habían pedido una mejora en ventilación y esperaban la respuesta de la empresa. Sara no necesitaba imaginar que Cafiero, por ser peronista, la obtendría. Necesitaba que el nuevo gobierno permitiera discutirla sin pedirle adhesión a cambio.

En Buenos Aires, Perón vio la jura desde su casa. No se reconoció en todos los gestos del nuevo presidente. Sintió el impulso de corregir algo que Cafiero había dicho sobre el pasado reciente; dejó pasar el momento. Afuera, el país seguía lleno de sus retratos y, al mismo tiempo, estaba eligiendo qué hacer sin él. Esa coexistencia, incómoda para ambos, era el comienzo de la verdadera sucesión.

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Índice

Preliminares

  1. Tapa
  2. Nota de esta edición
  3. Prólogo — El sur

Capítulos

  1. Capítulo 1 — El día que la historia cambió
  2. Capítulo 2 — Los mártires de Plaza de Mayo
  3. Capítulo 3 — El septiembre argentino
  4. Capítulo 4 — Los acuerdos de Georgetown
  5. Capítulo 5 — La última victoria de Perón
  6. Capítulo 6 — La retirada
  7. Capítulo 7 — El constructor
  8. Capítulo 8 — Las fábricas del futuro
  9. Capítulo 9 — La guerra fría argentina
  10. Capítulo 10 — El heredero
  11. Capítulo 11 — El petróleo negro
  12. Capítulo 12 — Balbín presidente
  13. Capítulo 13 — La sombra del sur
  14. Capítulo 14 — Veintitrés días de guerra
  15. Capítulo 15 — La paz de Punta Arenas
  16. Capítulo 16 — El último general
  17. Capítulo 17 — El ingeniero de Tucumán
  18. Capítulo 18 — El dios del fútbol
  19. Capítulo 19 — El padre del consenso
  20. Capítulo 20 — La Segunda República
  21. Capítulo 21 — El atentado
  22. Capítulo 22 — La presidenta incómoda
  23. Capítulo 23 — Conectar el siglo
  24. Capítulo 24 — Habemus Papam
  25. Capítulo 25 — Entre el dragón y el águila
  26. Capítulo 26 — El año en que el mundo se detuvo
  27. Capítulo 27 — La República digital
  28. Capítulo 28 — La elección del futuro
  29. Capítulo 29 — La República de Septiembre

Epílogo y cierre

  1. Epílogo
  2. Historia, ficción y fuentes
  3. Fe de erratas de la contratapa original
  4. Contratapa original

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