
Capítulo 23 — Conectar el siglo
Buenos Aires, 2002.
Mauricio Macri recibió de Elisa Carrió un país con mejores archivos de gobierno y una investigación que seguía sin cerrar. Su equipo llevó a la primera reunión un mapa de ferrocarriles, puertos y redes digitales. Carrió le había entregado también una nota de Nadia Szapiro sobre documentos todavía reservados. Macri la dejó encima de las carpetas de infraestructura para no olvidarla. Meses después descubriría que el orden de los papeles no establecía el orden de las decisiones.
Julián Rivas, ya empleado ferroviario con experiencia de mando, viajó con una comisión técnica para evaluar un nuevo tramo de vía. El proyecto reduciría el tiempo entre dos ciudades y atraería cargas que entonces iban por carretera. También eliminaría una parada utilizada por tres pueblos pequeños. El informe ejecutivo llamaba a esa pérdida racionalización de frecuencias.
—Los pasajeros van a llamarla caminar treinta kilómetros —dijo Julián.
La ingeniera de transporte le mostró un cálculo de demanda. Él no disputó los números sin tener otros. Pidió que incluyeran en el costo el viaje adicional hasta la nueva estación y que escucharan a los municipios. En la reunión siguiente apareció una alternativa: un servicio alimentador menos rápido y más caro que el plan original. Macri quería inaugurar la obra dentro del mandato. Su ministro le explicó que una audiencia pública retrasaría la fecha.
—Entonces la fecha estaba calculada sin los pasajeros —respondió el presidente.
El comentario circuló como prueba de su pragmatismo. Julián vio lo que costaba cumplirlo: presupuestos revisados, contratos renegociados y vecinos que seguían sin considerar suficiente la solución.
El gobierno amplió conectividad y obras de transporte mientras surgían empresas de servicios tecnológicos en varias provincias. Inés, hija de Julián, comenzó a estudiar archivística y tecnologías de información. En una visita a una escuela conectada encontró computadoras que funcionaban y otra sala cerrada porque no había personal para mantenerla. Recordó a Nadia y escribió una nota sobre la diferencia entre instalar una red y sostener su uso.
Macri prefería informes con metas verificables. Sus opositores objetaban que algunas metas medían lo que el gobierno podía mostrar, no lo que la gente necesitaba. Los sindicatos cuestionaban cambios de organización laboral y las provincias pedían recursos para mantener infraestructura que sería nacional en la inauguración y local en el desgaste. A veces el presidente respondía con gráficos que iluminaban el problema. Otras veces los usaba para no escuchar una pregunta que no cabía en el gráfico.
En 2008, la crisis financiera internacional redujo demanda y financiación. El gabinete presentó escenarios para sostener empleo e inversión; ninguno prometía inmunidad. Macri decidió demorar proyectos nuevos y proteger la terminación de obras críticas. Un gobernador lo acusó de haber usado las obras como propaganda para luego abandonar su provincia. El presidente mostró el cronograma. No pudo negar que el calendario anterior había alentado expectativas que ahora no podía satisfacer.
Julián vio en la estación nueva el resultado de esa mezcla. El viaje de la mayoría era más rápido. Una mujer de uno de los pueblos omitidos tenía que levantarse antes para tomar el transporte alimentador. Le dijo que apreciaba el tren y detestaba el modo en que habían decidido dónde se detenía. Julián anotó la queja para la próxima revisión. No podía devolverle la vieja línea; podía impedir que el informe final llamara éxito a una mejora sin contar a quién le costaba.
El Bicentenario de Mayo, en 2010, llenó calles de música y celebraciones. Macri habló de un país capaz de mirar al futuro. Inés acompañó a Elena, ya muy anciana, a una exposición sobre la historia democrática desde 1955. Una pantalla mostraba puentes y fábricas. Elena buscó sin éxito los nombres de las víctimas del bombardeo. Inés dejó una sugerencia en el registro de visitantes. La modernización había aprendido a contar kilómetros de fibra óptica; todavía tenía que aprender a no perder los documentos que daban sentido a esa conversación.
Macri entregó el mando en diciembre de 2010 a Ricardo López Murphy. En la despedida habló de obras terminadas. Julián regresó esa noche en el tren cuya frecuencia había ayudado a revisar. Al pasar por uno de los pueblos, vio subir a la mujer que le había reclamado. Se saludaron. Ella seguía teniendo razón en parte, y la vía seguía llevando gente. Ninguna de esas verdades cancelaba la otra.